Un concierto bien grabado es capaz de sostenerse por sí solo como si se tratara de una película o una historia, atrayendo al público y manteniéndolo interesado hasta el final. Como en cualquier otra producción, la planificación previa y el uso de los medios necesarios son fundamentales. Lo más importante a la hora de grabar un concierto es la captura de la música, la acústica del lugar tendrá mucho que ver en ello, pero también los medios con los que se cuenten y el lugar en el que se sitúen.

Una de las principales preocupaciones es seguir la dinámica del concierto a la vez que las reacciones del público. Para lograr que ambos elementos se entrelacen de manera efectiva se recomienda trabajar con un mínimo de dos cámaras. Una de ellas, suele ser la cámara fija que encuadra todo el escenario desde el fondo, será la cámara máster, e idealmente estará conectada a la toma principal de audio.

Este audio es el que se va utilizar en la postproducción para sincronizar todos los clips. Las cámaras restantes captarán los detalles del escenario y los movimientos del público. Si se tienen tres cámaras pueden utilizarse dos a cada lado del escenario dirigidas hacia los músicos.

La edición es el último paso en la grabación de conciertos donde se establece el rítmo definitivo del vídeo final, influenciado por el tipo de música que suene en el escenario. Aunque la grabación de un concierto no es tarea fácil el resultado puede ser muy satisfactorio y una gran forma de captar la esencia de un grupo.

Un abrazo.

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